¿Cuánto debe durar una siesta perfecta?
En general, una siesta perfecta debería durar entre 10 y 20 minutos. Este tiempo suele permitir recuperar el estado de alerta sin avanzar hacia etapas más profundas del sueño, que pueden hacer más difícil despertar. No existe una duración exacta que funcione igual para todas las personas.
¿Cuál es la mejor duración para una siesta?
Una siesta breve puede ser útil ante el cansancio puntual. Para evitar dormir más de lo previsto, conviene programar una alarma y descansar en un lugar tranquilo, oscuro y con una temperatura agradable.
En este artículo, Andrea Contreras, neuróloga del Centro del Sueño de Clínica Las Condes, recomienda una siesta corta de entre 20 y 30 minutos. Explica que prolongarla puede favorecer la inercia del sueño, es decir, la sensación de pesadez, confusión o somnolencia que algunas personas experimentan al despertar.
¿Sospecha tener algún trastorno del sueño?
Pedro Moya, neurólogo de Clínica Somno, plantea como referencia una siesta de menos de 45 minutos. Aunque los rangos no son idénticos, ambas recomendaciones buscan evitar un descanso diurno demasiado prolongado.
¿Cuál es la mejor hora para dormir siesta?
Lo recomendable es dormir al comienzo de la tarde, idealmente antes de las 15:00. Andrea Contreras señala que no debería realizarse después de las 3 o 4 de la tarde, mientras que Pedro Moya aconseja hacerla antes de las 15.30. Dormir más tarde puede reducir la presión de sueño y dificultar conciliarlo durante la noche.
¿Por qué una siesta larga puede dejar más cansancio?
Al extender la siesta aumenta la posibilidad de despertar desde una etapa más profunda del sueño. Esto puede provocar inercia del sueño y disminuir temporalmente la atención y el rendimiento. Después de despertar, es prudente esperar hasta recuperar completamente la alerta antes de conducir o realizar tareas de riesgo.
¿Quiénes deberían evitar la siesta?
En personas con insomnio, dormir durante el día puede interferir con el descanso nocturno. La siesta tampoco reemplaza las horas de sueño necesarias durante la noche.
Necesitar una siesta todos los días, quedarse dormido involuntariamente o mantener una somnolencia intensa pese a dormir suficientes horas amerita una evaluación clínica. Estos síntomas pueden relacionarse con falta de sueño, medicamentos o trastornos como apnea del sueño o narcolepsia.