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Trastornos del sueño en niños con autismo: guía

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¿Qué son los trastornos del sueño en niños con autismo?

Los trastornos del sueño en niños con autismo son dificultades persistentes para conciliar el sueño, permanecer dormidos, mantener horarios regulares o conseguir un descanso reparador. Pueden manifestarse como resistencia al acostarse, despertares prolongados, despertar muy temprano o somnolencia durante el día.

No todos los niños con trastorno del espectro autista presentan estos problemas ni existe una causa única. En algunos casos influyen la sensibilidad a ruidos, luces o texturas, la dificultad para anticipar cambios y las asociaciones necesarias para dormirse. En otros, es necesario descartar una condición respiratoria, neurológica u otro problema médico.

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¿Por qué aparecen problemas de sueño en niños con TEA?

Para orientar el manejo es necesario identificar qué ocurre antes, durante y después de dormir. Estas son algunas situaciones que conviene observar:

  • Sensibilidad y dificultad con las transiciones: la luz, los ruidos, la temperatura, el pijama o la ropa de cama pueden dificultar la relajación. También puede haber resistencia si el paso desde una actividad preferida hacia la hora de acostarse resulta inesperado. Una secuencia breve y predecible, apoyada con imágenes o instrucciones simples, puede facilitar esa transición.
  • Horarios y asociaciones para dormir: algunos niños necesitan siempre la presencia de un cuidador, movimiento, brazos u otra condición específica para conciliar el sueño. Si despiertan durante la noche y esa condición ya no está presente, pueden tener dificultades para volver a dormirse. Los cambios deben realizarse de manera gradual, consistente y adaptada a la regulación emocional del niño.
  • Señales de una posible condición médica: los ronquidos intensos, las pausas respiratorias, la respiración trabajosa, la somnolencia diurna marcada, los movimientos inusuales o los episodios que hacen sospechar convulsiones requieren evaluación clínica. No deben atribuirse automáticamente al autismo ni manejarse solo modificando rutinas.
  • Efectos durante el día: dormir mal no siempre se expresa como sueño visible. También puede observarse mayor irritabilidad, menor tolerancia a los cambios, dificultad para mantener la atención o necesidad de dormir a horas poco habituales.

¿Qué pueden hacer los cuidadores? Es útil registrar durante una o dos semanas la hora de acostarse, cuánto tarda el niño en dormirse, los despertares, las siestas, la hora de levantarse y cualquier ronquido, movimiento o conducta nocturna. También conviene anotar el uso de pantallas y los cambios de rutina. Este registro permite distinguir un problema de horario o hábitos de una señal que necesita estudio médico.

Cuando predominan las dificultades con horarios, despertares o autonomía para dormir, una asesoría de sueño infantil puede revisar el ambiente, las siestas, la exposición a la luz y las asociaciones de sueño. Si existen síntomas respiratorios o neurológicos, somnolencia sin explicación o insomnio persistente, corresponde consultar con neurología infantil o medicina del sueño infantil.

Según los antecedentes, el profesional puede solicitar una polisomnografía, una poligrafía respiratoria o un electroencefalograma. Estos exámenes no se indican automáticamente por tener TEA. Del mismo modo, la melatonina u otros tratamientos no deben iniciarse por cuenta propia: su indicación depende del tipo de dificultad, la edad y la evaluación médica.

¿Cuántas horas debe dormir un niño con TEA?

Los niños con TEA tienen las mismas necesidades generales de sueño según su edad, aunque su patrón individual puede variar. Para evaluar el descanso se debe considerar el total de horas, la regularidad de los horarios y el funcionamiento durante el día.

  • Un recién nacido debe dormir un total de 16 horas diarias, en 6 – 8 episodios de sueño de 4 horas cada uno, con periodos intercalados de vigilia. Así, el recién nacido no respeta la noche, despertándose una o varias veces a lo largo de la misma.
  • Desde antes del nacimiento, los niños tienen neuronas cerebrales con capacidad de ejercer como “reloj biológico” y el control del sueño y de la vigilia está determinado por este reloj biológico, que permite que el niño duerma a ciertas horas y esté despierto a otras. Sin embargo, el funcionamiento de este reloj biológico, también se ve influido por las condiciones medioambientales de luz-oscuridad, de modo que en condiciones de oscuridad, nuestro cerebro segrega una hormona llamada melatonina, que facilita el sueño, mientras esta hormona es inhibida por la luminosidad exterior. Aproximadamente, a partir del tercer mes de vida se aprende a sincronizar estas dos informaciones, de manera que puede empezar a coincidir el ciclo vigilia-sueño con el ciclo día-noche.

La duración de los despertares nocturnos va disminuyendo y empieza a dormir de manera continua prácticamente durante toda la noche. No obstante, en casi un tercio de los niños en edad preescolar persisten estos despertares nocturnos, como consecuencia de una consolidación inadecuada del período de sueño nocturno.

A esta edad los niños debieran dormir por la noche unas 10 horas, más las dos siestas habituales. A partir de los tres años de edad va disminuyendo la “necesidad” de dormir durante el día, hasta prácticamente desaparecer antes de los seis años.

El sueño alcanza un grado de madurez suficiente como para permitir la comparación con el adulto. Aunque existen importantes variaciones individuales, el número de horas de sueño suele ser 2,5 veces superior al adulto y la proporción de sueño REM es similar a la del adulto.

El número de horas de sueño disminuirá hasta un promedio de 7 a 8 horas, que podría ser insuficiente ya que se produce un incremento de la somnolencia diurna, que ha llevado a pensar que las necesidades totales de sueño no disminuyan sino que aumenten durante la adolescencia.

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Como referencia diaria, incluyendo siestas, se recomiendan 11 a 14 horas entre 1 y 2 años, 10 a 13 entre 3 y 5 años, 9 a 12 entre 6 y 12 años y 8 a 10 entre 13 y 18 años. Dormir menos de forma persistente o presentar cansancio diurno justifica consultar.

¿Sospecha tener algún trastorno del sueño?

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Publicado: 20-08-2026
Última modificación: 20-08-2026