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Somnolencia diurna excesiva en niños: causas y señales

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¿Qué es la somnolencia diurna excesiva en niños?

La somnolencia diurna excesiva en niños es una necesidad de dormir o una tendencia a quedarse dormido durante el día mayor de lo esperable para su edad, rutina y cantidad de sueño. No constituye un diagnóstico por sí sola, sino un síntoma cuya causa debe investigarse.

No siempre se manifiesta como quedarse dormido. Algunos niños tienen dificultad para despertar, necesitan siestas inesperadas o cabecean en clases. Otros presentan irritabilidad, problemas de atención o memoria, cambios de conducta, hiperactividad aparente o menor rendimiento escolar.

También es importante distinguirla de la fatiga: la somnolencia implica una propensión real a dormirse, mientras que la fatiga corresponde principalmente a falta de energía o agotamiento.

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¿Cómo reconocerla, cuáles son sus causas y cuándo consultar?

Para reconocer la somnolencia infantil conviene observar lo que ocurre tanto de noche como durante el día. Una señal aislada puede ser ocasional, pero si el problema se repite, interfiere con el colegio o cambia el comportamiento habitual del niño, requiere mayor atención.

  • Señales durante el día: quedarse dormido en clases, en trayectos cortos o mientras realiza actividades; despertar con mucha dificultad; necesitar siestas fuera de su rutina; presentar cansancio persistente, irritabilidad, olvidos, desconcentración o hiperactividad aparente.
  • Sueño insuficiente o irregular: acostarse tarde, levantarse temprano, mantener horarios muy distintos entre semana y fines de semana o tener despertares frecuentes puede reducir el descanso efectivo. Las necesidades de sueño cambian con la edad, por lo que la evaluación debe considerar la rutina completa y no solo una noche determinada.
  • Sueño de mala calidad: los ronquidos frecuentes, la respiración ruidosa, las pausas respiratorias, el sueño inquieto o los despertares nocturnos pueden fragmentar el descanso. La presencia de somnolencia no significa automáticamente que exista apnea del sueño, pero estos síntomas deben comentarse en la consulta.
  • Otras causas posibles: determinados medicamentos y algunos trastornos médicos, neurológicos o del sueño también pueden producir somnolencia. Si existen episodios irresistibles de sueño u otras manifestaciones específicas, el médico puede evaluar causas menos frecuentes, como la narcolepsia, sin asumirla únicamente por el cansancio diurno.

Se recomienda consultar cuando la somnolencia es persistente, afecta el aprendizaje, la conducta, la seguridad o las actividades cotidianas; cuando el niño se duerme involuntariamente; o si se acompaña de ronquidos intensos, pausas al respirar, convulsiones durante el sueño, sonambulismo frecuente, terrores nocturnos intensos o dificultades prolongadas para dormir.

La evaluación comienza con una consulta médica en la que se revisan horarios, duración del sueño, siestas, despertares, respiración nocturna, medicamentos, antecedentes y funcionamiento durante el día. Registrar durante varios días las horas de sueño, los despertares y los episodios de somnolencia puede aportar información útil. El profesional definirá si es necesario realizar un examen y cuál corresponde según los síntomas.

Si el niño presenta dificultad respiratoria intensa, coloración azulada, una convulsión, pérdida de conciencia o no es posible despertarlo normalmente, se debe buscar atención de urgencia.

¿Duerme lo suficiente para su edad?

Revisar la cantidad y regularidad del sueño es uno de los primeros pasos ante la somnolencia diurna infantil. Conviene considerar la hora real a la que el niño se duerme, cuándo despierta, sus siestas y las diferencias de horario entre días de colegio y fines de semana.

  • Un recién nacido debe dormir un total de 16 horas diarias, en 6 – 8 episodios de sueño de 4 horas cada uno, con periodos intercalados de vigilia. Así, el recién nacido no respeta la noche, despertándose una o varias veces a lo largo de la misma.
  • Desde antes del nacimiento, los niños tienen neuronas cerebrales con capacidad de ejercer como “reloj biológico” y el control del sueño y de la vigilia está determinado por este reloj biológico, que permite que el niño duerma a ciertas horas y esté despierto a otras. Sin embargo, el funcionamiento de este reloj biológico, también se ve influido por las condiciones medioambientales de luz-oscuridad, de modo que en condiciones de oscuridad, nuestro cerebro segrega una hormona llamada melatonina, que facilita el sueño, mientras esta hormona es inhibida por la luminosidad exterior. Aproximadamente, a partir del tercer mes de vida se aprende a sincronizar estas dos informaciones, de manera que puede empezar a coincidir el ciclo vigilia-sueño con el ciclo día-noche.

La duración de los despertares nocturnos va disminuyendo y empieza a dormir de manera continua prácticamente durante toda la noche. No obstante, en casi un tercio de los niños en edad preescolar persisten estos despertares nocturnos, como consecuencia de una consolidación inadecuada del período de sueño nocturno.

A esta edad los niños debieran dormir por la noche unas 10 horas, más las dos siestas habituales. A partir de los tres años de edad va disminuyendo la “necesidad” de dormir durante el día, hasta prácticamente desaparecer antes de los seis años.

El sueño alcanza un grado de madurez suficiente como para permitir la comparación con el adulto. Aunque existen importantes variaciones individuales, el número de horas de sueño suele ser 2,5 veces superior al adulto y la proporción de sueño REM es similar a la del adulto.

El número de horas de sueño disminuirá hasta un promedio de 7 a 8 horas, que podría ser insuficiente ya que se produce un incremento de la somnolencia diurna, que ha llevado a pensar que las necesidades totales de sueño no disminuyan sino que aumenten durante la adolescencia.

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Dormir las horas esperadas no siempre significa que el sueño sea reparador. Si la somnolencia continúa o existen ronquidos, pausas respiratorias o sueño muy inquieto, una evaluación médica permite definir si se requiere polisomnografía u otro estudio, como actigrafía, poligrafía respiratoria o un test de latencias múltiples del sueño.

¿Sospecha tener algún trastorno del sueño?

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Publicado: 03-08-2026
Última modificación: 03-08-2026